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Memoria viva, cuerpo presente: Dirección de Juventudes Rosario conmemorando el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia.

24.03.2018Las efemérides pueden ser meras formalidades pero también instancias de conmemoración y reflexión y, por lo tanto, un espacio privilegiado para el ejercicio de la memoria. Siempre que recordamos lo hacemos desde el presente y en un contexto determinado. Existen tiempos y espacios oportunos para el recuerdo. La memoria es, en este sentido, una forma de recuerdo social que se pregunta qué, cómo y para qué recordar.

Encontramos en el 42° aniversario del último golpe de Estado una nueva oportunidad para reflexionar sobre el pasado argentino reciente y también sobre nuestro presente y futuro, para volver a afirmar, hoy más fuerte que nunca, el ¡NUNCA MÁS!

El 24 de marzo de 1976 las Fuerzas Armadas de nuestro país dieron un golpe de Estado, el último de una serie iniciada en 1930. Destituyeron a gobernadores de las provincias, disolvieron el Congreso Nacional y las Legislaturas Provinciales, removieron a miembros de la Corte Suprema de Justicia y anularon las actividades gremiales como así también la de los partidos políticos. Clausuraron locales nocturnos, censuraron libros, revistas, canciones y medios de comunicación. En suma, anularon las instituciones fundamentales de la vida democrática.

Pero esta vez, la violencia de la represión y las consecuencias de la dictadura instaurada fueron de una profundidad inédita: se buscaba un radical disciplinamiento y la imposición de un modelo económico frente a un contexto caracterizado por la creciente movilización social y política a través del Terrorismo de Estado. Para ello implementó una forma de violencia política que, usando los recursos del Estado, buscó eliminar a los/las adversarios/as políticos –a quienes llamó “subversivos”– y amedrentar a la población a través del terror.

En este sentido, la dictadura del 76 presentó una particularidad metodológica: la desaparición sistemática de personas, el funcionamiento de centros clandestinos de detención y la apropiación de niños y niñas, hijos/as de las personas detenidas.

La represión no fue sólo sobre los/las militantes. La dictadura impuso una vida marcada por la persecución, las prohibiciones de distintas actividades y un clima de vigilancia generalizada. Miles de argentinos y argentinas fueron encarcelados como presos/as políticos/as. Otros/as tantos fueron forzados/as al exilio, es decir, tuvieron que irse del país porque eran amenazados/as o porque la situación de violencia ponía en peligro su vida.

Asimismo intentaron que la población no se ayudara entre sí, que las personas quedaran aisladas una de las otras, paralizadas ante el terror. Sembraron la desconfianza y las actitudes individualistas “Algo habrán hecho”, “no te metás”, “el silencio es salud” eran algunas de las frases que circulaban en la época.

Durante la represión muchas personas vivieron con miedo. La ciudadanía se mantuvo desinformada ya que los medios de comunicación no dieron a conocer las atrocidades que la dictadura cometía. Otras personas fueron indiferentes a lo que ocurría a su alrededor y otras, directamente, apoyaron a los militares. Hubo sin embargo algunas que resistieron como pudieron, desde sus ámbitos o lugares de trabajo intentando reunirse, compartir sus ideas y, de esta manera, evitar las imposiciones del gobierno militar. Otras tantas lograron organizarse y llevar adelante acciones concretas de crítica y resistencia. Entre ellas las madres de los desaparecidos, que jueves tras jueves, con la cabeza cubierta con un pañuelo blanco, dieron vueltas a la pirámide de la Plaza de Mayo para exigir información y aparición con vida de sus hijos. Acciones similares surgieron en distintas localidades del país. Hubo además otras organizaciones de Derechos Humanos que denunciaron el terror argentino, aquí y en el mundo. Para encontrar a sus nietos y devolverles su identidad surgió la Asociación Civil Abuelas de Plaza de Mayo. Esta organización no gubernamental tiene como finalidad localizar y restituir a sus legítimas familias a todos las niñas y niños apropiados y privados de su identidad por la represión militar, como también crear las condiciones para que nunca más se repita esta violación de los derechos de los niños.

Frente a este panorama cerrado y difícil se desarrollaron paulatinamente diferentes formas de resistencia y manifestación, que a medida que el gobierno comenzó a perder su capacidad de presión, y los ciudadanos el miedo a este, ganaron una importante visibilidad.

Esto fue particularmente visible con posterioridad a la derrota de la guerra de Malvinas (1982), que produjo un severo golpe simbólico para la dictadura. Las manifestaciones ganaron gradualmente espacio y formas de expresión anteriormente subterráneas comenzaron a salir a la luz con diversos actores sociales que desplegaron nuevas formas de protesta y movilización.

Con la vuelta a la democracia los crímenes de la dictadura fueron juzgados, en primer lugar, durante el Juicio a las Juntas transcurrido en 1985. Desde las derogaciones de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida y los decretos de Indulto, comenzaron a desarrollarse diversos procesos judiciales contra aquellos que perpetraron violaciones sistemáticas a los Derechos Humanos.

Esta impronta judicial demuestra un gran avance en el esclarecimiento de la verdad en estos últimos años. Hasta el día de hoy, las Abuelas y Madres de Plaza de Mayo siguen en la búsqueda por la restitución de la identidad de sus nietos apropiados y sus 30.000 hijos/as desaparecidos/as. En diciembre del 2017 recuperamos a la nieta 127.

En la coyuntura actual se vislumbran preocupantes  retrocesos en las políticas de Estado en torno a Memoria, Verdad y Justicia. Lentitud en los procesos judiciales y otorgamiento indiscriminado de prisiones domiciliarias a genocidas como gran retroceso en materia de Derechos Humanos.


¿Por qué es importante darnos acá este espacio de reflexión?

 

 Porque  es un espacio de expresiva interpelación, porque hacer memoria y no olvidar implica encontrarnos en la escena de la reivindicación de lo público, que en este preciso lugar implica  resaltar el carácter de las juventudes como sujetos políticos históricos en la escena social y política Argentina reconfigurando lo que fue en ese periodo una decisión de acción sistemática  por parte de militares y civiles que ocuparon cargos en el gobierno y que se propusieron “desactivarlos” a través del disciplinamiento, la tortura y el terror.

 Recuperar nuestra identidad, es renovar este compromiso común, es resignificar esta porfiada pregunta: ¿qué les queda entonces a las juventudes? Interrogante  históricamente proyectado al futuro hoy reivindica para nosotro/as un hermoso presente, un latido colectivo junto a las madres, las abuelas, por los que se fueron y las que están acá; una interminable marcha que nos constituye en cronistas de nuestra propia historia: gritando entre todo/as ¡Nunca Más! ¡por la Memoria, la Verdad y la Justicia!

 

 

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